TIERRAS DE FANTASMAS
Para muchos mi vida
comenzó de forma muy triste.
Mi madre era enfermera y
mi padre Medico, ambos formaban parte del ejército de Estados Unidos, su
función era salvar la vida de los soldados que sufrían heridas en los combates
que se realizaban continuamente en pueblos legendarios, donde hoy llaman Iraq y
ayer eran conocido como Babilonia.
Mis abuelos son personas
mayores que siempre vivieron con mis padres, ambos también fueron Medico y enfermera, por lo visto existe una herencia que continua
en la familia.
Siendo pequeño un día
llego la noticia de la desaparición del helicóptero donde eran transportado el
team medico y como era natural allí estaban, mis padres.
Fue la primera vez que
mis abuelos comprendieron quien en verdad se ocultaba, detrás de este cuerpo de niño.
Aquel día pude ver a los
dos oficiales dar la noticia y marcharse y sentí pena por ellos que tenían como
trabajo el llevar la mala noticia de la pérdida de un ser querido.
Para aquellos ancianos
era algo sumamente terrible, no solo tendrían la ausencia de mi madre y mi
padre, lo cual les dejaba a ellos la responsabilidad de mi cuidado.
Mientras mi abuela
lloraba sin desconsuelo, mi abuelo la mantenía abrazada contra su pecho, mientras este miraba mi
rostro sin entender el porqué yo me estaba sonriendo.
Por fin mi abuelo se
atrevió hablarme diciendo.
-
Al, hemos
recibido la noticia de que papa y mama, iban en un helicóptero y este fue
derribado sin respetar que lo que viajaban allí eran personas dedicadas a
salvar vidas.
Mi abuelo no podía
entender el porqué yo continuaba sonriendo, dentro de mí un mundo en lucha se
estaba manifestando, sabía que para ellos yo era un niño que según el planeta
tenía solamente cinco años, decirles la
verdad era descubrirme y esto solo produciría terror y susto en estos seres que
por su edad les iba hacer difícil aceptar mi explicación.
Mi abuela dejo de llorar
y levantando la cabeza del pecho del abuelo, me miro y dejo ver una sonrisa que
parecía más una mueca.
Imposible que ellos
pudieran saber que yo podía leer sus pensamientos.
Los brazos de mi abuela
se abrieron pidiéndome que me acercara a ella para poder abrazarme con fuerza
como muchas veces lo había hecho anteriormente mientras me decía al oído.
-
¡Yo te quiero mucho!
Corrí hacia aquellos
brazos y me deje llevar por la emoción que embriagaba aquellos dos seres, el
llanto de mi abuela me hizo tomar una decisión.
-
¡Abuela y
abuelo, siento mucho no haberles comunicado a ustedes, quien soy y que hago en
esta existencia!
Abuelo me interrumpió
para decirme.
-
¡Cuidaremos de
ti, no dejaremos que sufras, la falta de tus padres, quiero que ellos desde el
cielo, sepan que eres un niño rodeado de amor!
-
¿Abuelo,
quiero que dejen de llorar y pongan atención a todo lo que tengo que decirles?
Mi voz había salido
diferente y ellos así lo percibieron ya que al momento ambos dejaron de llorar
y me separaron para poderme mirar a los ojos, por la cara de ellos pude darme
cuenta que mi rostro no era el mismo, el asombro que se reflejaba en ellos así
me lo decía.
-
Existen
muchas cosas que ustedes deben de conocer, lo primero es que ellos no están
muertos, aunque para nosotros si lo van a estar.
-
Sabemos que
dios les tiene un lugar en el cielo… (dijo mi abuelita)
-
Nada de
cielo, quiero que me escuchen y quiero que pongan atención a todo lo que voy a
decirles, esto que les voy a decir será nuestro secreto, nadie debe de
conocerlo, de lo contrario nuestras vidas estarían en peligro, ¿me están entendiendo?
Aquellos ancianos que
hasta ahora me habían visto como un niño, ahora sin ellos darse cuenta estaban
moviendo la cabeza afirmativamente dándome a entender que querían escuchar todo
lo que yo les iba a contar.
De sobra sabíamos que
aquellos dos féretros que serian enterrados en el cementerio de nuestro pueblo,
estaban vacios, los cuerpos de ellos nunca fueron encontrados y la explicación
que dieron es que donde habían caído la profundidad del mar no permitía el
hacer un rescate.
Cuando regresamos a la
casa, me fui hacia mi lugar preferido este era en la escalera desde allí oculto
detrás de la semi obscuridad del piso de arriba, podía ver toda la sala y lo
que era más importante quien entraba y salía.
Le había pedido a mis
abuelos que mantuvieran la casa con las cortinas cerradas, de esa forma podía
ver mejor el aura de todos los que llegarían y estos después de la conversación
que habíamos tenido, me habían prometido silencio y obediencia, por lo que los
tres nos habíamos convertido en un solo pensamiento.
Mi abuelo se había
convertido en un cómplice perfecto, este con cualquier excusa los iba llevando
uno a uno hacia la posición donde mejor yo podía apreciar y estudiar todo lo
que ocultaban aquellos militares de alto grado, que por primera vez habían
aparecido en la casa con la excusa de brindarnos, cualquier ayuda que
necesitáramos.
Al final todo volvió a la
calma, cuando la ultima puerta se hubo cerrado, el abuelo comprobó que toda la
casa estaba en orden, abuela subió las escalera y se unió a mí para ir a mi
cuarto, segundo después llego mi abuelo y los tres nos acostamos, en aquella
amplia cama donde muchas veces mama y papa se unían a mí.
-
Abuelo
tenemos que continuar viviendo, si ustedes se me enferman que va hacer de mi,
sigamos la vida, pensando que ellos siguen de servicio, salvando vidas, así que
vamos a poner la televisión como siempre lo hacíamos y veamos juntos nuestro
favorito programa.
-
Te prometemos
ambos, amarte y cuidarte y continuaremos nuestra vida, pensando que ellos están
bien y que un día, regresaran para contarnos todo lo que vivieron.
El televisor esta vez fue
puesta un poco más alto de lo normal, de esa forma le pude decir en un susurro.
-
¿Nos están
vigilando, tienen micrófonos en la casa y también en el auto?
Mis abuelos sonrieron, en
sus rostros pude ver la alegría que sentían ambos al saber que ningún gobierno
nos iba a poder engañar enviándonos rostros que decían una cosa, cuando en
verdad estaban llenos de secretos increíbles…
-
¿Como sabes
que nos están vigilando? (dijo el abuelo
sin dejar de mirar el televisor)
-
Escuche a uno
de los oficiales decirle al General que ya tenían puesto los micrófonos y que
solo faltaba poner las cámaras…
El
abuelo se volvió para mirar a la abuela y esta movió la cabeza dando a entender
que podía ser cierto lo que estaba diciendo.
El
abuelo se paso la mano por el rostro mientras decía:
-
¡Es tiempo de
darnos un viaje fuera de la ciudad, los tres necesitamos un descanso!
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